Para el Ballet Ecuatoriano de Cámara, es la urgencia de globalizar la pasión  desplazando los esfuerzos por tres senderos diferentes que lo dirigen al mismo espacio donde la humanidad desempaca sus sueños.

El primer sendero es el Ballet Ecuatoriano de Cámara, comprometido en volver cotidiano lo extraordinario, poniendo lo cosmopolita y universal al alcance de una mano que igual, hubiese podido esterilizar sus días. Haciendo posible de esta manera, la tertulia con lo que siempre resultaba desconocido, a pesar de andar con ello a toda hora y a todos lados.

Para nosotros, la puesta en escena de una obra, es el resultado del proceso creador donde el talento y la capacidad de coreógrafos, maestros, bailarines y técnicos, son indispensables; pero, la experiencia concreta, el contacto directo con el público es insustituible. Es, en ese preciso momento, donde se produce el enriquecimiento mutuo entre el colectivo creador y nuestro público… Una coreografía que nace a partir de una música, un movimiento, una inspiración, una imagen, una emoción, un sentimiento… una coreografía que es el principio de una danza reflexiva que se proyecta universal desde y para la vida misma donde el público se involucra y se siente identificado.

 

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